Les voy a contar, señores,
la historia de un ganadero
que ha venido de Montija
a alquilar en este pueblo.
De Agüera hasta Loma
hay fincas bastante grandes,
pero ha subido a La Sía,
dicen que a quitar el hambre.
Este es Alfonso Pereda,
ganadero sin igual,
que parece que ha venido
allá de la capital.
A Marisa en La Rubliegas
las fincas le ha alquilado,
allá por el mes de abril
pa’ subir el ganado.
Pero llegó el mes de junio
aún no había mudado,
y Marisa muy nerviosa
¡qué tascón ha desgraciado!
Aitor era el camionero,
las subió muy relajado,
despacito y sin correr
pa’ el bienestar del ganado.
Para cambiarlas de prado,
no se crean que les miento,
en el Río de La Sía
parecía un regimiento.
Ese Chisco, el jardinero,
también Carlos, el gitano,
y Toñuco, el de La Sía,
que era el más veterano.
De La Bárcena subieron
César y Samuelín,
y si llega a estar en casa,
suben hasta a Manolín.
José estaba de pastor,
se las iba a vigilar,
que no les faltara el agua
o se fueran a escapar.
Ha bajado esta semana
cuatro vacas con terneros,
no entraban en el camión,
iban gordas como truenos.
Ahora mira pa’ Lunada,
y no hace más que decir,
«Para el año que viene
se lo alquilo a Boterín».
Yo con esto ya termino,
que me tengo que marchar,
este pa’ ser ganadero
bien tendrá que espabilar.
