Del pueblo de Barcenillas
he venido aquí a danzar,
el trabajo de mi padre
hoy se lo voy a contar.
Él trabajaba de herrero
y lo hacía muy contento.
Ahora está mucho más,
ha entrado al Ayuntamiento.
Con José, David y Juli
han formado la plantilla,
y el día 1 ha empezado
ese Íñigo Abadía.
El proceso de selección
fue duro y muy complicado,
muchos que se presentaron
en la calle se han quedado.
Esto le ha pasado a Tano,
de la finca del Cotero,
los puntos que este sacó
eran pa’ entrar el primero.
Vicente Piedra decía:
«Yo lo tengo asegurado,
me van a sobrar los puntos
con los pollos regalados».
Mi padre le dijo a Piedra:
«Mi puesto te ofrecería,
treinta mil euros a cambio
y acepto alguna propina».
Ahora dicen vacilando
esta cuadrilla de chavales
que ellos están realizando
unos trabajos sociales.
Ese bueno de David
ha venido preparado,
le ha dejado Cañón los libros
que por algo es su cuñado.
Por el pueblo de Espinosa
no hacen más que ir y venir,
de dos en dos en pareja
como la Guardia Civil.
El ritmo de trabajo
lo han cogido enseguida,
que parecen que llevaran
en ello toda la vida.
Yo con esto me despido,
que no les quiero cansar,
estos ya se han arreglado
y ahí se van a jubilar.
