He subido a este colmeno
que es donde suben los Bobos,
para decir lo primero:
¡Muy buenas tardes a todos!
Saludo con atención
a todas las autoridades,
vecinos y a forasteros
venidos de otros lugares.
Con muchísimo respeto,
con una gran emoción,
voy a decir este verso
cumpliendo mi obligación.
La otra noche yo soñaba,
me da vergüenza contar,
que la fiesta de Las Nieves
no se vuelve a celebrar.
Que no quedaban danzantes,
los bobos son profesores,
y que Roberto, el alcalde,
estaba de vacaciones.
Los que preparan los versos
están de capa caída,
tienen miedo a terminar
con la cabeza perdida.
Y por si esto fuera poco,
como pa’ echarse a reír,
Don Mauricio está muy cojo
y no podía venir.
Cuando ya me desperté,
vi que todo era mentira,
de contento que me puse
daba saltos de alegría.
Yo he tenido este mal sueño
porque estaba preocupado,
seguro que alguna vez
ustedes habrán soñado.
Pero esta fiesta y las danzas
no dejaremos perder,
son muchos siglos de historia,
mucho antes de yo nacer.
Y la estamos mejorando,
se ha podido comprobar,
la danza del Caracol
este año ha vuelto a sonar.
Les voy a cambiar de tema,
aquí hay mucho que contar,
lo que más deseo ahora
es no volver a soñar.
En el barrio Salcedillo,
cerca de la carretera,
un buen sitio pa’ comer:
Asador Castro Valnera.
Fidel se llama el gerente
y Javier, el encargado,
Bertín es el cocinero,
¡vaya negocio han montado!
Si un día quieres comer,
allí hay platos combinados;
suelen venir a menudo
las cuadrillas de sobanos.
Allí vino una cuadrilla
un martes para comer:
comida, merienda y cena
no dejaban de meter.
Ladis era uno de ellos,
él es un buen ganadero,
muy conocido por todos,
el de la finca del Cerro.
Tiene alquilada la Varga
y sube todos los días,
le gusta mucho esta tierra
y el sabor de las comidas.
Félix, concejal de Soba,
y David, el de Valnera,
cuando hablan de comer
se apuntan a la primera.
Representando este pueblo
dos que también le echan cara:
Sito, el de Salcedillo
y ese Pablo, el de la Vara.
Ese Tonio, el de la barra
y Esteban, el Paseante
fueron dos socios muy buenos,
pero de eso hace bastante.
Sito les bajó del Castro
un buen talego de setas,
a noventa euros el kilo,
es el precio que os cuestan.
Antonio y el Paseante
decían que no se hablaban,
pero cenando las setas,
¡buenos abrazos se daban!
Esteban le dijo a Tonio:
«Hay que volverse a asociar,
trabajando los dos juntos
ganaremos mucho más».
Tonio se echó a reír:
«No me lo puedo creer,
come las setas que puedas
y deja ya de beber».
Les voy a cambiar de tema
y con el mismo cantar,
si ustedes no lo sabían
yo se lo voy a explicar.
En este pueblo, señores,
siempre fue una tradición:
cuando llega el frío invierno
se suele matar el chon.
El Vaquilla en Espinosa
tenía un hermoso animal,
más de cuatrocientos kilos
ha pesado la canal.
Él empezó a buscar gente
para ayudarlo a aguantar,
era un animal muy grande,
no se dejaba arrimar.
Llamó a Luis, el Marquesillo,
a ese Nando Culo Pollo,
a su cuñado Ramón
y hasta a su sobrino Antonio.
A Jesús, el carnicero
también ha ido a buscar
para que haga las morcillas
y también pa’ destazar.
Ese Pablito Chicote,
camarero de El Rincón,
como andaba muy sobrante
también fue a aguantar el chon.
Las morcillas que allí hicieron
es verlo para creer,
que tenían tres calderas
y sin parar de cocer.
También hizo salchichones
y los colgó en el pajar
para que curaran pronto,
pero no acaban de estar.
La matanza de este chon
ha dado mucho que hablar:
tres días con la asadura
sin poderla terminar.
A la hora de repartir
Alberto fue generoso,
que les dio unos treinta kilos,
era un lote bien hermoso.
Más gorda ha sido después,
nadie podría pensar:
los que aguantaron el chon,
¡que le han dejado de hablar!
«Ahora no me habla ninguno»,
decía Alberto El Vaquilla,
«Se han comido la asadura
y parte de las morcillas».
Ahora está criando otro,
pero le quieren dejar
para el dos mil veintinueve,
pa’ ver si vuelven a hablar.
Voy a hablarles de otro tema,
no me quería olvidar:
el precio de la vivienda
es costoso de pagar.
Tengo un conocido yo
que todos conocerán:
le subieron el alquiler
y se tuvo que me marchar.
Este se llama Joaquín,
pequeño y enguizgador,
conocido en Espinosa
por ser un provocador.
Ha cogido plaza fija
en ese barrio La Lama,
en un ZX rojo
él ha instalado la cama.
Le ha forrado de cartones
para guardar el calor,
en invierno está caliente
y cerca del obrador.
Averías le decía:
«Bájale ahí hasta el pradón,
tienes más horas de luz
y ahorras en calefacción».
También Marta, la asistenta,
una cama le buscaba,
pero el coche es muy pequeño,
na’ más la almohada le entraba.
Probó en el bar El Hostal
y medio año se tiró,
no sé quién lo habrá pagado,
porque Joaquín no pagó.
A Juanjito le decía:
«Ya te puedes arreglar,
habla tú con la asistenta
para que te pueda pagar».
Ahora se le ve contento,
menudo puesto ha encontrado:
de conserje en el colegio,
al mozo le han colocado.
Y no se crean que es broma,
yo se lo puedo decir:
fueron a buscarle al coche,
pero no quería ir.
Las madres, muy preocupadas
de lo que iba a pasar,
le conocían del pueblo,
lo querían dar p’atrás.
Como no tenía estudios,
Ariane estaba nerviosa,
¡menuda imagen daremos
en la villa de Espinosa!
También mi prima Pilar
estaba muy afectada:
«Con lo que me lo he currado,
y no ha servido de nada».
Pero ha dado la sorpresa,
no lo podemos negar,
y de conserje en el cole,
Joaquín se nos va a quedar.
También conserva costumbres
que aprendió de chiquitín,
y el otro día en la plaza
se pegó con Manolín.
Salían los dos del bar,
como ya no es novedad,
y al llegar al monolito
se empezaron a pegar.
Reñían por la cachaba,
y no se crean que es broma:
Joaquincillo la doblaba
sin saber que era de goma.
Se empezaron a engarrar
como están acostumbrados,
y al verlos Miguel, el Maño,
se metía a separarlos.
«Dejaros ya de jaleos»,
el Maño venga gritar,
«cómo vengan los de verde,
yo no voy a declarar».
Yo a Joaquín nada más le digo
que se ande con cuidado:
los guardias ya le conocen
y le tienen controlado.
Cuando se termina el verso
y llega la despedida,
deseo que se diviertan
en esta gran Romería.
